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Tête de Moine AOP, la flor de queso que conecta con el slow life

El Tête de Moine AOP es un queso que, al rasparse minuciosamente en forma de flor con la girolle, encarna este ritual de desconexión de la rutina diaria y nos transporta a otro ambiente. Lo ideal es armonizarlo con un vino blanco, como los producidos en el país centroeuropeo con la uva chasselas, ya que suelen ser frescos y afrutados, aunque también puede acompañarse con un verdejo, un albariño o un malvasía.

Tête de Moine AOP, la flor de queso que conecta con el slow life

Barcelona, junio 2021- Cada vez más, los consumidores tienden a buscar salir del estrés de la rutina con alimentos que les ayuden a meditar y desconectar. Esta retórica es reflejo del movimiento slow life. Disfrutar de las conexiones reales y las experiencias diarias, vivir de una forma más consciente y, en el caso de la comida, pararse a comer y disfrutar del momento, lo que no solo reportará a obtener un mayor placer en la comida sino también a nivel de salud. 

El Tête de Moine AOP es un producto que sintetiza y encarna este ritual de desconexión de la rutina diaria, demanda la consciencia para extraer la flor de queso, mediante la girolle, un pequeño utensilio que permite cortar el queso con mayor facilidad y obtener unas pequeñas y atractivas flores que recuerdan a la flor del clavel. Se trata de un momento lúdico que a cada giro nos abstrae de la realidad y nos pone a disfrutar del momento. Y es que el Tête de Moine AOP es un queso suizo que elaboraban los monjes de la abadía de Bellelay hace más de ocho siglos y que, actualmente, se produce en menos de diez queserías de las regiones montañosas del Jura y Jura de Berna con leche cruda de vacas alimentadas con pasto y heno y sin aditivos, es rico en proteínas y minerales, y no contiene gluten ni lactosa.  

En cada flor, nos acercamos al modo de producción del queso. Se requiere parar un momento, disfrutar del proceso y adoptar un poco más el slow life para disfrutar realmente del queso. El modo de consumo de Tête de Moine AOP nutre nuestra mente, y nos hace tener en cuenta todos los estímulos organolépticos mientras lo degustamos (no solo aquellos sentidos directamente relacionados con el sabor, como el gusto o el olfato, sino también la vista o el tacto), algo que podría compararse, en el caso de un producto típicamente español, como es el jamón ibérico, en el momento de cortarlo y degustarlo. 

La flor más quesera 

El Tête de Moine AOP es un queso que, por el formato en el que se consume -la flor- y el ritual de preparación asociado -el uso de la girolle- ya nos transporta a otro ambiente. Además, en boca, el Tête de Moine AOP trae toda su intensidad de sabor, mezclado entre granos y frutos secos tostados con notas lácticas e incluso matices frutales y especiadas, como la nuez moscada que mezclan con la textura sedosa y cremosa al fundirse en boca. Toda esta mezcla de sabores, olores, preparación y formato nos conecta con los Alpes suizos. Y para potenciar este momento de desconexión, lo ideal es armonizarlo con un vino blanco, como los producidos en el país centroeuropeo con la uva chasselas, ya que suelen ser frescos y afrutados, aunque también puede acompañarse con vinos blancos como el verdejo o los gallegos tipo albariño o un malvasía.  

El slow travel, o la filosofía de viajar sin prisas, se puede empezar desde casa. Esto puede conectar con parte de la vida local, con un lugar, su gente y su cultura, como la propuesta de degustar con calma el queso Tête de Moine AOP con un vino de la región. Este queso puede convertir cualquier ocasión en algo único por la riqueza de su sabor y su original corte en forma de flor. 

 

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