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Le Gruyère d’Alpage AOP, el queso que sabe a alta montaña

Esta delicatessen suiza, exclusiva y de producción limitada, se elabora solo durante los meses de verano en 60 granjas alpinas situadas entre los 1.000 y los 2.500 metros de altitud. Como indica su nombre, esta variedad nace de la tradición ancestral suiza del Alpage o el ascenso de las vacas en verano a las zonas más elevadas de las montañas alpinas.

Le Gruyère d’Alpage AOP, el queso que sabe a alta montaña

Barcelona, junio 2021- Le Gruyère d’Alpage AOP es sinónimo de alta montaña, exclusividad, tradición y alta calidad. Y es que este queso cien por cien suizo y sin agujeros, lleva produciéndose de forma artesanal siguiendo una receta que se ha transmitido de generación en generación desde el año 1115.  De mucho carácter e intenso color amarillo, esta codiciada variedad alpina se caracteriza por ser de producción limitada, y su particular sabor intenso se debe a los ricos pastos de alta montaña de los que se alimenta el ganado.

El Alpage, una tradición centenaria 

Esta preciada delicatessen no podría entenderse sin la tradición suiza del Alpage, o el ascenso del ganado, con el inicio del verano, a las zonas más altas de las montañas. Allí, y tras el deshielo, las vacas pasturan libremente, se alimentan de las hierbas frescas de alta montaña y beben sus aguas cristalinas, produciendo así una leche de altísima calidad que se emplea en las queserías familiares situadas en las inmediaciones de los prados y que elaboran el queso como antaño, siguiendo métodos cien por cien artesanales. 

La fiesta de la Poya 

Aunque en castellano suene a broma, así es como se denomina una de las fiestas populares más peculiares de Europa. Y es que hay un pueblecito llamado Estavannens, en el cantón de Friburgo, donde desde 1956 se celebra la ya tradicional fiesta de La Poya, como homenaje al 75 aniversario de la canción que lleva el mismo nombre, basada en un poema de Etienne Fragnière y que exaltaba la subida de las vacas a los pastos y los paisajes a su paso. Esta gran fiesta se celebra una vez cada década -la última fue en 2013- y en ella se conjugan tradición, música y ganas de pasarlo bien. Así, una multitud acompaña a las vacas, que van ataviadas con flores y campanas,  en su ascenso de diez kilómetros desde la estación de Estavannens, y los pastores visten el traje tradicional del cantón de Friburgo.   

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