Variedades de quesos suizos

Queso extraduro y duro

Un queso extraduro típico es el Sbrinz AOP; de los quesos duros, Emmentaler AOP y Gruyère AOP son probablemente los más conocidos. Todos estos quesos se elaboran con leche cruda intacta, son quesos enteros con al menos 45% de materia grasa (FDM) y presentan un largo periodo de maduración. Sbrinz AOP está listo para el consumo después de 18 meses, y alcanza su plena madurez después de 2 a 3 años. Emmentaler AOP y Gruyère AOP están listos para el consumo después de 4 hasta 5 meses, y alcanzan la plena madurez después de 7 y 12 meses.
 
Los quesos duros resultan ideales para la elaboración de una gran variedad de platos fríos y calientes: bien sea en rebanadas de queso, queso rallado en fondue, para hacer al horno o gratinar, como aperitivo o postre. El queso resulta siempre  exquisito. Si se guarda bien envuelto en un lugar frío, el Emmentaler AOP y el Gruyère AOP se conservan dos semanas seguidas, el Sbrinz AOP hasta cuatro semanas. 

Quesos semiduros

Los quesos típicos semiduros son Raclette Suisse, Raclette du Valais AOP, Appenzeller®, Tilsiter, Tête de Moine AOP, Vacherin fribourgeois AOP, Bündner Bergkäse o Mutschli. Se elaboran de leche pasteurizadas o leche cruda y su periodo de maduración es de 3 hasta 6 meses.
 
Los quesos semiduros son muy apreciados para la elaboración de platos fríos y calientes. Algunas especialidades resultan particularmente apropiadas para fondue (Vacherin fribourgeois AOP) o Raclette. Otras variedades llaman la atención por su peculiar forma o su tipo de corte (p.ej., las flores de Tête de Moine AOP). Si se guardan bien envueltos en un lugar frío, se conservan hasta dos semanas.

Quesos blandos

El queso blando se elabora generalmente con leche pasteurizada. Con un contenido de agua de aproximadamente el 50%, su tiempo de maduración de unas semanas es bastante corto. Por lo general se distinguen dos tipos de queso blando.

Queso blando con cultivos de moho (queso blanco de moho).
Los más conocidos son el Brie suisse, el Camembert suisse o el Tomme. Por lo general la corteza se come.

Queso blando de corteza lavada. Durante su  periodo de maduración estos quesos blandos se lavan o se frotan con una solución de salmuera para obtener su corteza de color marrón. Los más conocidos son Reblochon, Limburger, Münster y Vacherin Mont-d'Or AOP.

Los quesos blandos resultan exquisitos para la preparación de platos fríos y calientes. También son muy apreciados para la elaboración de postres. Si se guardan bien envueltos en un lugar frío, se conservan hasta una semana.

Queso fresco

Los quesos frescos sin corteza son quesos no madurados que están listos para comer inmediatamente después de su elaboración. Se elaboran con leche pasteurizada y tienen diferentes contenidos de grasa. Entre las variedades más conocidas se encuentran el requesón, el requesón de trapo, el formaggini, la mozzarella, el petit suisse y quesos de crema y de doble crema.
 
La duración de los quesos frescos se indica en el paquete. Especialmente en verano, es importante no interrumpir la cadena de frío durante el transporte. Los productos de queso fresco deben conservarse en su envase original o en un recipiente de plástico cerrado a una temperatura máxima de 5 °C. Los quesos frescos se pueden utilizar de forma muy variada para la elaboración de platos fríos y calientes, por ejemplo, para rellenos, salsas, y pasteles al horno. 

Queso de cabra y oveja

Los quesos de cabra y oveja se consideran quesos blandos y para untar. Por su sabor intenso e inconfundible estos quesos han alcanzado una gran popularidad.
 
Debido a la estructura de sus proteínas y grasas, la leche de cabra es más digestiva que la leche de vaca. La leche de oveja a su vez se caracteriza por su contenido en ácido orótico que posee excelentes propiedades para la salud: se encarga de la formación de valiosas proteínas nucleares de la células y actúa como regenerador en el envejecimiento del ser humano. Además, sirve como portador de magnesio.